El gobierno de Estados Unidos informó que ha iniciado una nueva fase de operaciones militares en Irán, en el marco de una estrategia que, según la Casa Blanca, busca impedir que el régimen iraní desarrolle armas nucleares y continúe acciones contra intereses estadounidenses.
El presidente Donald Trump explicó que la decisión se fundamenta en lo que calificó como décadas de agresiones atribuidas a Teherán o a grupos aliados en Medio Oriente. Entre los antecedentes citados figuran la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en 1979, ataques contra tropas en Líbano e Irak y acciones recientes contra bases y embarcaciones vinculadas a Estados Unidos.
Washington sostiene que Irán es el principal patrocinador estatal de organizaciones armadas en la región y que ha mantenido una política hostil hacia Estados Unidos e Israel. En ese contexto, la administración reiteró que su línea roja es impedir que el régimen acceda a armamento nuclear.
Según el mandatario, tras una operación previa denominada “Martillo de Medianoche”, en la que se destruyeron instalaciones nucleares en Isfahán, Irán habría intentado reactivar su programa y avanzar en el desarrollo de misiles de largo alcance capaces de alcanzar a aliados europeos e incluso territorio estadounidense.
La nueva ofensiva contempla ataques contra infraestructura militar, sistemas de misiles y capacidades navales iraníes. Aunque la Casa Blanca aseguró que se toman medidas para proteger al personal desplegado en la región, reconoció que toda acción militar implica riesgos.
Finalmente, el presidente instó a las fuerzas iraníes a deponer las armas, ofreciendo garantías a quienes lo hagan, y reiteró que Estados Unidos mantendrá la operación hasta asegurar que Irán no pueda obtener un arma nuclear.
