La ofensiva militar lanzada este sábado por Estados Unidos e Israel contra Irán representa un punto de inflexión en la ya frágil estabilidad de Medio Oriente, al combinar ataques directos sobre territorio iraní con una inmediata cadena de represalias en varios frentes de la región.
La operación, identificada como “Furia Épica”, incluyó bombardeos en Teherán y otras ciudades estratégicas. Entre los puntos alcanzados figura el barrio Pasteur, donde se ubican la residencia del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y la sede presidencial. Aunque medios iraníes aseguraron que el presidente Masud Pezeshkian no resultó afectado, la magnitud del ataque evidenció que los objetivos iban más allá de instalaciones militares convencionales.
Desde Washington, el presidente Donald Trump argumentó que la acción buscaba neutralizar “amenazas inminentes” vinculadas al programa nuclear iraní. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró que su gobierno considera a Irán una amenaza directa para la seguridad de Israel, lo que enmarca la ofensiva dentro de una estrategia preventiva.
Las consecuencias fueron inmediatas. En la capital iraní se registraron múltiples explosiones, interrupciones en telefonía e internet y un amplio despliegue de seguridad. Reportes locales señalaron impactos de misiles en distintos distritos urbanos, lo que incrementó la tensión entre la población civil.
Irán respondió con el lanzamiento de misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en la región. Se reportaron detonaciones en Jerusalén y en países del Golfo como Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Arabia Saudita y Baréin. En este último país, un proyectil impactó instalaciones de la Quinta Flota estadounidense, mientras que en Abu Dabi se confirmó la muerte de un civil por restos de munición.
Uno de los hechos más alarmantes fue el ataque contra una escuela primaria en el condado de Minab, en la provincia de Hormozgán, donde autoridades iraníes informaron la muerte de al menos 51 alumnas y decenas de heridas. Teherán atribuyó la responsabilidad a Israel en el contexto de la operación conjunta con Estados Unidos.
El trasfondo de esta escalada incluye semanas de tensiones y negociaciones indirectas, con mediación de Omán, orientadas a limitar el desarrollo nuclear iraní. Un ultimátum previo emitido por Washington y el antecedente de un enfrentamiento armado en junio de 2025 ya habían elevado el nivel de confrontación.
Con el intercambio de ataques en curso y la implicación de varios países del Golfo, el conflicto amenaza con expandirse en una región estratégica para el mercado energético mundial. La situación mantiene en alerta a la comunidad internacional, que advierte sobre el riesgo de una guerra regional de mayores proporciones si no se logra contener la escalada.
