La escena fue contundente: tras leer el veredicto, el juez Golam Mortuza Mozumder recibió vítores en la sala del Tribunal Internacional de Crímenes de Bangladés. Sheikh Hasina, ex primera ministra, fue condenada a la pena de muerte por su rol en la brutal represión de las protestas de 2024, que marcaron su caída del poder y su huida a la India.
El gobierno interino, encabezado por Muhammad Yunus, exige su extradición inmediata, amparado en el tratado bilateral con Nueva Delhi. Hasina no está sola en el fallo: Kamal, otro alto funcionario, también fue sentenciado por el ICT.
La exmandataria ya arrastraba una condena a cadena perpetua por ordenar el uso de fuerza letal contra estudiantes y permitir abusos sistemáticos durante las manifestaciones. Hoy, su destino judicial se agrava, mientras Bangladés busca cerrar un capítulo oscuro de su historia reciente.
