La visita de Donald Trump a China concluyó este viernes con señales de acercamiento político entre Washington y Pekín, además de promesas de cooperación comercial y nuevos esfuerzos por estabilizar la relación entre ambas potencias.
El gobierno chino presentó como uno de los principales logros de la cumbre la creación de un marco denominado “relación de estabilidad estratégica constructiva”, enfocado en mantener la cooperación, controlar diferencias y evitar una escalada de tensiones.
Analistas consideran que esta fórmula representa una pausa táctica dentro de la competencia estratégica entre ambos países, especialmente en áreas sensibles como comercio, tecnología y seguridad internacional.
Uno de los temas abordados fue Irán. Trump afirmó que Xi Jinping ofreció colaboración respecto al estrecho de Ormuz, mientras China insistió en la necesidad de mantener abiertas las rutas marítimas y continuar el diálogo diplomático sobre el programa nuclear iraní.
En materia económica, funcionarios estadounidenses señalaron que existe interés mutuo en ampliar acuerdos agrícolas y mantener la tregua comercial vigente desde octubre pasado. También se mencionaron posibles avances en ventas de soja y aviones Boeing.
Sin embargo, asuntos clave como el acceso chino a semiconductores avanzados de Nvidia quedaron fuera de las conversaciones oficiales, según confirmó el representante comercial de Estados Unidos.
La reunión también estuvo marcada por gestos de cordialidad entre Xi y Trump, quienes sostuvieron encuentros privados y destacaron públicamente su relación personal.
Respecto a Taiwán, el secretario de Estado Marco Rubio reiteró que la postura de Estados Unidos no ha cambiado, pese a que Pekín volvió a colocar el tema como una prioridad dentro de la agenda bilateral.
